El beisbol del estatal es uno de los espectáculos deportivos de mayor tradición y arraigo en Chihuahua, es casi una pasión religiosa por defender los colores de su equipo. Maravilloso, hay que cuidarlo, miles de familias y adultos mayores son parte importante de los aficionados, esperan el campeonato con ansias.
Pero en las finales se ha desbordado la pasión con peligro para el público y los mismos beisbolistas. Ayer en Juárez fue uno de esos días, en la serie de Indios contra Algodoneros que llegó a la frontera con tres juegos a favor de Indios por cero de Algodoneros. Pero dio un giro inesperado, los visitantes empataron la serie, dejándola hirviendo.
Hoy es el partido definitivo y los nervios están de punta, con peligro real de que la afición desborde provocando una desgracia. Ayer hubo expresiones francamente reprobables: golpearon a jugadores con hielo, botes y con lo que pudieron lanzar, hubo pelitos en las tribunas, la gente de Delicias tuvo que agruparse para evitar agresiones. Obviamente sin contar las mentadas e invocaciones a duelos que suelen prender la mecha.
No sucedió lo peor de milagro, pues el estadio estaba lleno, alrededor de doce mil personas entre ellos familias completas con niños y niñas, muchos de los asistentes alcoholizados, el equipo de casa perdiendo cuando ya se veían seguros en la final y ¡sólo policías!. Si, tres policías asustados en un rincón.
Resulta increíble que la Presidencia Municipal asigne únicamente tres policías a un espectáculo de alta tensión, con miles de personas ingiriendo bebidas alcohólicas. Saben que las pasiones se desbordan, como sucedió ayer, y puede terminar en circunstancias trágicas, pero en vez de cuidar el espectáculo y proteger a las familias, cientos, les da por privilegiar el negocio de la cerveza.
Por que además hay otra, la asociación de Juárez en complicidad con funcionarios del municipio, decidieron maximizar los ingresos por cerveza vendiendo únicamente de seis en seis. Si un aficionado quiere una lata se la niegan, tiene que comprar el seis completo o no hay.
¿Tendrá conocimiento el edil Pérez Cuéllar del riesgo que corren los aficionados en el estadio, al permitir que los partidos se desarrollen sin presencia policial, mientras los nervios están de punta y el alcohol corre generoso?. Probablemente no, anda ocupado en asuntos de politiquería pensando en ser gobernador.
Debería estar pendiente, ofrecer condiciones mínimas de seguridad. Si una desgracia sucede, sería peor que las acusaciones de supuesta complicidad con el crimen que presumiblemente le tiene endilgada la DEA. Piensen, señor edil y presidente de la Asociación, por un momento en las familias, pasa la tragedia y terminan arrepintiéndose, buscando deslizar culpas hacia otras direcciones.















