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domingo, febrero 22, 2026

Frontera EU-México: cruce diario para miles de trabajadores

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El Paso.- Las amenazas arancelarias del Presidente Trump están inyectando tensión económica a lo largo de la frontera que divide dos ciudades de gran actividad aquí.

Para muchos trabajadores y empresas, esa barrera apenas existe.

Cerca de donde se unen Texas, Nuevo México y el Estado mexicano de Chihuahua, productos manufacturados que van desde componentes de vehículos hasta electrodomésticos a menudo cruzan la frontera varias veces durante su producción y ensamblado. Miles de personas también vienen todos los días desde México a trabajar del lado estadounidense.

«El puente es simplemente eso, un puente», dijo Gustavo Farell, presidente de Cesar-Scott, que tiene plantas de manufactura en El Paso y Ciudad Juárez que fabrican arneses de cables y montajes de cables para productos como equipos industriales y unidades HVAC. Casi la mitad de sus dos docenas de trabajadores en El Paso comienzan su día al otro lado del Río Bravo.

Farell ha estado esperando nerviosamente la amenaza de la Administración Trump de imponer aranceles del 25% a las importaciones procedentes de México y Canadá. Las empresas y los economistas de Texas temen que los aranceles generales a los componentes, que en gran medida han cruzado la frontera libres de impuestos durante décadas en virtud de acuerdos de libre comercio, lleven a los fabricantes fronterizos a la quiebra.

«Compramos productos de China y fabricamos productos con México», dijo Farell.

Un estudio de Oxford Economics estimó que los aranceles del 25% a las importaciones de Estados Unidos procedentes de Canadá y México, seguidos por represalias, provocarían que los flujos comerciales entre los países cayeran entre un 50% y un 60%. A principios de este mes, Trump suspendió esos aranceles 30 días después de que los líderes de ambos países se comprometieron a adoptar medidas conjuntas para combatir el tráfico del fentanilo. El jueves, Trump firmó un memorándum sobre comercio recíproco, ordenando a las agencias federales que estudien cómo ajustar los aranceles estadounidenses para igualar los aranceles existentes de otras naciones.

Farell está tratando de ampliar la planta en El Paso como defensa contra los trastornos arancelarios para los productos que cruzan de México. Su empresa añadió capacidad de producción y ensamblado a esa planta cuando la pandemia del Covid-19 cerró temporalmente la frontera.

Las fronteras de EU con México y Canadá están llenas de comunidades que tienen economías estrechamente entrelazadas, y los traslados transfronterizos son comunes.

Estudios de los puntos críticos han encontrado mucho tráfico. Por ejemplo, KPMG estimó el año pasado que más de 20 mil personas viajan diariamente a sus trabajos de ambos lados de la frontera entre Michigan y Ontario, Canadá. Algunas son enfermeras que van al sur por empleos de alta demanda en EU.

Casi 12 mil personas se trasladan de México a El Paso todos los días, arroja un sondeo realizado el año pasado por la Ciudad y El Colegio de la Frontera Norte.

La región fronteriza allí tiene décadas de estar entrelazada, legado de la industria «maquiladora» o de «plantas gemelas» de ensamblado para exportación de México, que desde la década de 1960 permitió a las empresas estadounidenses exportar componentes libres de impuestos a plantas mexicanas para ensamblarlos en productos y enviarlos de regreso a EU.

Casi todos los trabajadores que se trasladan de Juárez a Cesar-Scott en El Paso tienen doble ciudadanía, habiendo nacido en EU, pero residiendo en México. Fuera de sus empleos, muchos tienen poca experiencia estudiando o trabajando en EU y su inglés es limitado.

«La fila puede tardar una hora o una hora y media», dijo Alondra Sánchez, una inspectora de productos que se despierta a las 4:00 horas todos los días, prepara su comida y pide un viaje compartido hasta un puente fronterizo. Cruza a pie y luego toma un autobús para ir al trabajo.

«A veces es cansado, pero hay otras compensaciones», dijo la joven de 20 años. Esos beneficios incluyen ganar en dólares y gastar en pesos.

Los salarios iniciales en Cesar-Scott en El Paso oscilan entre 10 y 12 dólares la hora. Eso es más alto que el salario mínimo federal de Estados Unidos de 7.25 dólares la hora.

Pero en la región fronteriza de México, el salario mínimo es mucho más bajo, alrededor de 2.50 dólares la hora.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte de 1994 -reemplazado por el T-MEC en el 2020- relajó las barreras comerciales, al tiempo que impulsó un aumento de más del 50% en la fuerza laboral de El Paso en el curso de los siguientes 30 años.

Hubo tomas y dacas. Muchos empleos intensivos en mano de obra se trasladaron a México, que tiene costos más bajos, pero la región fronteriza de Estados Unidos se benefició al dar servicio al aumento en los flujos comerciales, creando empleos en campos como almacenamiento, logística y contabilidad.

En industrias como la fabricación de arneses para cables, los conocimientos de los trabajadores los acompañaron, dijo Jesús Cañas, economista en el Banco de la Reserva Federal de Dallas. «Ya no tenemos las habilidades aquí, porque las exportamos hace años al lado mexicano», mencionó.

Aún así, incluso después de que el TLCAN contrajo la base manufacturera de El Paso, la ciudad todavía tiene unos 17 mil empleos manufactureros que necesitan trabajadores, incluyendo muchos en campos de intenso uso de mano de obra.

«Si entrevisto a 10 personas en Juárez, que está justo al otro lado de la frontera, nueve personas han tocado un arnés para cables», lo que significa que tienen experiencia para el trabajo, destacó Farell, el presidente de Cesar-Scott. Esa experiencia es mucho menos común en el lado de El Paso.

Agustín Ríos dijo que su salario de 10 la hora en la planta de El Paso le permite a su familia disfrutar un estilo de vida juarense, como una escuela privada para su hija de 6 años, que normalmente requeriría un título de estudios superiores en México. Ríos vive cerca del trabajo con su tío, pero visita Juárez varias veces a la semana para pasar tiempo con su esposa e hija.

«Nos tomamos vacaciones, por supuesto no vamos a Europa, pero al menos tenemos lo suficiente para salir de la Ciudad de vez en cuando», indicó el joven.

Samira Ugalde, nacida en Phoenix, encontró su trabajo como operadora de producción en Cesar-Scott después de trabajar en otra fábrica en El Paso. Las largas filas en el cruce fronterizo significan que se levanta a las 2:30 horas en Juárez para hacer el traslado en auto con su esposo, quien también tiene ciudadanía estadounidense, y llega al trabajo a las 6:00 horas. Pasan las largas esperas escuchando música.

Después del trabajo, «simplemente llego a casa, cocino y me acuesto temprano», dijo la joven. (Harriet Torry / THE WALL STREET JOURNAL)