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domingo, febrero 22, 2026
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César Duarte podrá ser muchas cosas, pero ninguna víctima. Es un parralense al que la vida trató con generosidad, en buena medida por su audacia y osadía. Es un gobernador que cometió delitos defraudando las finanzas estatales y pagó, está pagando, por sus hechos. Negar por eso que tenga derechos humanos es un exceso, como han sugerido Cuauhtémoc Estrado y varios acomedidos del populismo.

Hasta el peor delincuente o político más despreciable como Adán Augusto y Corral tienen sus derechos bien ganados, también son seres humanos. Digo lo anterior con la calidad moral de haber sido, desde sus tiempos de gobernador, uno de sus críticos más constantes, sin haberle faltado jamás al respeto. Tiene sus derechos humanos y se le deben respetar.

Interpreto, sin embargo, su queja como la de un hombre desorientado que pasa largos momentos sin sosiego. Por eso, confundido, acude a la Comisión Estatal de los Derechos humanos quejándose de ser víctima por vigilancia ilegal de la Fiscalía y la Secretaría de Seguridad Pública. Se ha de sentir perseguido. Sólo recuerde, es mil veces mejor estar fuera con todas las limitantes que dentro con las mayores libertades.

Como político profesional sabe muy bien que los que se llevan se aguantan, semanas atrás anduvo de graciosito ensayando bailes desafiantes y realizando reuniones “porque debemos agruparnos para entrar al 2027”, ¿esperaba recibir aplausos en vez de ver acrecentada la vigilancia?. Un mínimo de cordura, patea el avispero y quiere ver mariposas amarillas como Mauricio Babilonia.

Lo he dicho muchas veces y en diversos tonos, si Duarte quiere recuperar plenamente su libertad y vivir tranquilo necesita darse cuenta de su situación, asumir con humildad que desfalcó el estado y percatarse de su precariedad política. Con el tema de sus presas ha sido víctima frecuente de la mañanera claudista y en Chihuahua le saca la lengua a la gobernadora, ¿cómo?. Así no, por mucho menos de eso (una foto en lujoso restaurante chino) Emilio Lozoya volvió a prisión.

César Jáuregui y Gilberto Loya rechazaron, obviamente, las quejas de Duarte, negando cualquier operativo de vigilancia. El Fiscal General fue más lejos, dijo que desacataría la recomendación del la CEDH, pues no le ve ningún fundamento. Entre paréntesis un apunte; por carecer de lógica, esa recomendación huele a metálica.

Aceptar que lo tienen vigilado sería como reconocer una infidelidad frente a sus esposas, en el caso presente una ilegalidad. Por supuesto que lo tienen vigilado y sus teléfonos intervenidos, él se lo ganó, pero jamás lo reconocerán en público. Eso lo entiende o debería entenderlo muy bien Duarte, también hizo muchas diabluras.

Ahora, yendo a la sumatoria final, anticipando el desenlace de la telenovela, es fácil concluir que Duarte ya ganó. Lo primero y más importante para él es que por seis años de gobierno haciendo y deshaciendo, tirando dinero a manos llenas, recibió cuatro de prisión. ¿Son muchos o son pocos?, es la ley. Menos de un año de cárcel por uno de gobierno.

Y lo más importante, las leyes le permitieron conservar parte sustantiva de lo robado, restando las propiedades que perdió (si es que perdió realmente alguna) y los altos honorarios de sus abogados, sigue quedando con saldo a favor. Atemperarse sería lo más prudente, no lo hará pues da la impresión que tiene dificultades para ubicarse en su nueva realidad.

Rompeolas

Diez largos meses tardaron las disculpas que debía Miguel Riggs a la síndica Olivia Franco, por las majaderías que usó contra ella. Para ofrecerlas debió ser obligado por el Tribunal Electoral del Estado, que por cierto alargó la sentencia hasta donde pudo, se trataba de un devoto nuevo. La ofensa hubiese sido de “un conservador” contra las ternuritas de populismo y lo despedazan al instante. Pero al fin las dio, las disculpas, era lo menos que podía hacer Miguel Riggs.

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Pasa el tiempo, tomaron protesta el uno de septiembre, y todavía no está claro quien manda en el Supremo Tribunal de Justicia. Más bien queda la impresión de que nadie manda. Un magistrado de apellido Acosta sigue con ínfulas de que las puede por sí sólo, Marcela Herrera envía el mensaje de que lo suyo es la socialité, no se pierde bautizo ni quinceañera, que de los asuntos internos no le hablen, los magistrados disciplinarios andan enredados con el secuestrador parcialmente liberado, otros quieren soltar su gato a retozar, los que deben el favor a Morena que sólo reciben línea de Ariadna y hasta el buen Helio Araiza y Alejandro Domínguez presumen por lo bajo de ser el verdadero poder tras el trono, según han reportado. ¿Quién diablos manda en ese tribunal o es que cada quien se manda solo?.