Los charlatanes de todo tiempo y circunstancia son idénticos en cuanto a que comparten patologías que los definen como personas de mente trastornada; mienten como respiran sin remordimiento, carecen de sentimientos empáticos, se asumen moral e intelectualmente superiores, actúan con cinismo sabiendo que no engañan. En ellos no cabe la posibilidad de errores, son habitualmente manipuladores, ególatras, soberbios y engreídos que suelen hacer de sus mentiras un arte y del cinismo virtud. Con poder exacerban sus deformaciones, van por la vida cargando ilusiones de grandeza, obsesionados en ambiciones delirantes: dejar un legado a la posteridad, acumular el mayor poder, ejercer dominio sobre otros dominadores, despertar y acostarse recibiendo adulaciones.
Las diferencias de dos charlatanes empoderados como Donald Trump y López Obrador son de grado y ambición. Trump pretende acumular riqueza y ser reconocido como regente del mundo, Obrador sueña con aparecer en los textos junto a los héroes nacionales de la historia y asociar su nombre al de líderes como Mandela y Gandhi. En el fondo, no son más que vulgares charlatanes que la decadencia social y política encumbró hasta el peldaño más alto de poder en sus países. En medio de ellos, esas complejas personalidades desquiciadas, quedó atrapada la presidenta Claudia Sheinbaum; Desde los Estados Unidos la presionan con desplantes de arrogancia queriendo tomar las mayores ventajas de nuestro país, desde Palenque la obligan a cuidar una herencia de sangre, corrupción, nepotismo y dispendio.
La presión de Trump inició el mismo día en que protestó el cargo, cuando declaró a los carteles mexicanos del crimen organizaciones terroristas y reclamó el Golfo de México, llamándolo de América. Desde entonces la presión sólo aumenta, luego vinieron los aranceles, acompañados de insidiosas declaraciones de senadores, congresistas y funcionarios del la Casa Blanca con el tema del narcogobierno y los territorios ocupados por el crimen. Después las filtraciones de los narcopolíticos extraditables, una extensa lista de gobernadores, alcaldes, senadores, diputados, funcionarios del gabinete. Siempre con tres constantes; amenazas arancelarias, acusaciones coordinadas de narcoestado y la narrativa machacona de posibles intervenciones militares.
Intentando apaciguar al ogro insaciable, la presidenta entregó al eterno pedido, Caro Quintero, junto con 28 narcotraficantes y abandonó la política criminal de abrazos no balazos, ordenando combatir a los cárteles, incluyendo el huachicol erradicado por decreto en el sexenio anterior. Es un exigir, exigir, exigir de aquel lado y un ceder, ceder, ceder del nuestro. Ayer entregó a la “tuta”, el “cuini” y otros 24 criminales más, la mayoría de poca monta. Ha sido una mujer solícita en las exigencias del gobierno norteamericano, siempre que no toquen a sus colegas del régimen acusados de complicidad con diversos grupos criminales. Fuera de los cómplices, qué pueden pedir, que no les de.
Guadalupe Acosta Naranjo, experimentado político formado en la izquierda historica, cuenta que, siendo jefe de gobierno, López Obrador reunió a su gabinete cuando la crisis de los videoescándalos de Ahumada y Bejarano. Reunidos, dice, preguntó quien o quienes más aparecían en los videos y, siendo varios los que recibieron dinero, la única que levantó la mano fue Claudia Sheinbaum para decir “Carlos”, refiriéndose a Carlos Ímaz, entonces su esposo. En ese momento, concluye Acosta Naranjo, López Obrador la adoptó para siempre como la de más confianza; había mostrado lealtad a costa de traicionar a su esposo, nadie podría ser más confiable que ella.
La historia es conocida, también las reflexiones en voz alta y frente a los micrófonos de López Obrador comparando su momento en la historia con el de Lázaro Cárdenas. “Pero yo no me voy a equivocar”, dijo varias veces en referencia a que Cárdenas falló cuando eligió de sucesor a Manuel Ávila Camacho en vez de José Múgica, doctrinario de la izquierda. En su mente, Ávila Camacho representaba a Marcelo Ebrard y Múgica a Sheinbaum. Hasta hoy no se ha equivocado, por sentido de lealtad, temor a un complot interno, comodidad o lo que usted quiera, Claudia Sheinbaum ha sido ejemplarmente leal, resistido las mayores presiones de Donald Trump y Marco Rubio. Antes que traicionar, ha preferido pasar por Juanita, títere del expresidente charlatán, e incluso soportar desprecios de Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Andy, exgobernadores y hasta de mugrosos mentecatos como Noroña.
Atrapada entre las dos fuerzas, una que presiona incesante y otra que la obliga a resistir sin protestar, la presidenta abre una pregunta pertinente y obvia: ¿Hasta cuándo?. Yo creo que resiste por que también es cómplice, está convencida de consolidar el autoritarismo satisfaciendo los deseos delirantes de tlatoani, la obsesión compulsiva de pasar a la historia junto a Juárez y Madero. No sólo resiste, muestra su fidelidad absoluta al régimen manteniendo la agenda que impusó el escondido. El último gran atentado contra la democracia está en marcha; la contra reforma electoral coordinada por un siniestro personaje como Pablo Gómez. Juega con dos agendas, la que recibió en herencia de López Obrador, instaurar la dictadura, y la obligada por las presiones del gobierno vecino.
Atrapada en las dos fuerzas que la comprimen y reducen su actuar, la pregunta del “¿hasta cuándo?” se repite cada vez con más frecuencia, pues existe la certeza de que Trump seguirá presionando y lo hará cada vez con mayor fuerza, es un charlatán con ínfulas de matoncito. Hoy la humilló otra vez, al declarar que “México hace lo que le decimos que haga”. Trágame tierra, destroza la patriotera narrativa de soberanía que Sheinbaum reproduce, casi monótona, en sus mañaneras. Su jactancia de superpresidente coincide, casualmente, con sobrevuelos de un dron espía del ejército gringo sobre Valle de Bravo. Ella explicó la incursión aerea diciendo que “fue por una investigación especial”, él con la desfachatez de “hacen lo que decimos”. ¿Que dirá mañana, si drones artillados o fuerzas élites ingresan a territorio nacional por criminales o narcopolíticos?. Lo mismo, no tiene más, que fueron operaciones conjuntas en el marco de cooperación binacional. Es el nuevo concepto de soberanía, agacharse y obedecer sin protestar.
En este contexto de acoso permanente y exigencias de complicidad con la impunidad del populismo, otra pregunta: ¿Optará Sheinbaum por su lealtad al expresidente protegiendo a corruptos sospechosos de complicidad con el crimen, o asumirá su responsabilidad como presidenta de todos los mexicanos, viendo por los intereses del país y no por una gavilla de charlatanes que, además, ni respeto muestran?. Quizás nuevas presiones vengan pronto de Venezuela, acciones radicales contra Maduro provocarían que el escondido ponga sus barbas a remojar y Sheinbaum comprenda que toda resistencia es inútil. Encaprichado con la idea de narcoestado, ningún manojo de criminales los dejará satisfechos, quieren narcopolíticos y no descansarán hasta conseguirlos.
Rompeolas
Víctima del síndrome “gobernaré hasta el último día”, Myriam Hernández estira la cuerda de la entrega-recepción del Supremo Tribunal de Justicia. Se ha entrevistado un par de veces con la presidenta electa, Marcela Herrera, pero han sido rápidas reuniones desprovistas de contenido. La resistencia a entregar, aseguran, es por que la todavía presidenta intenta dejar bien colocados a los suyos. Hijita, pareces nueva, en cuanto salgas te los van a desacomodar, si bien les va. Lo sensato sería facilitar el relevo, no sea que compliques tu propio acomodo. Supuestamente Myriam y Marcela tienen programada una reunión para mañana viernes, a ver si no sigue con evasivas infantiles.















