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domingo, febrero 22, 2026
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Sin darnos cuenta ni saber porqué, de pronto el reloj de la historia retrocedió a los tiempos de la posguerra. Ahora como entonces la batalla ideológica toca la sensibilidad hasta de las familias menos politizadas. Era un sinsentido, lo es nuevamente, padres y madres de familias modestas y ocupadas en sus asuntos se asombraron al saber que eran conservadores reaccionarios por asistir a misa los domingos y defender su fe. Entonces la confrontación sucedía en dos grandes terrenos; la batalla militar y la disputa casi metafísica por ganar la conciencia social. El comunismo soviético perdió la batalla militar, la izquierda ganó la narrativa ideológica. Ahí quedó sembrada la semilla que años, décadas, después germinaría catalizando la vieja e irracional confrontación.

Siempre me he preguntado qué poder oscuro trastorna la mente de ciertos humanos (son personas al fin) hasta el punto de someter a millones de sus compatriotas, así tengan que matarlos de hambre o esclavizarlos de por vida, mientras ellos se ufanan de salvarlos. No pretendo explicarlo, hurgar en esas mentes desquiciadas y encontrar los porqués es tarea de científicos, yo me quedó con que su ambición por el poder es insana, enferma. Son megalómanos incapaces de compadecer el dolor ajeno, su desmedido amor a sí mismos los hace insensibles y carentes de empatía frente al semejante. Uno de estos trastornados ganó las elecciones en nuestro país en 2018, dividiendo a la sociedad mexicana en buenos y malos, sin matices ni espacios intermedios: estas conmigo eres bueno, de izquierda progresista; estás contra mi, eres maldito traidor conservador de la derecha.

No son iluminados temporales creyéndose mesías, la perversidad es que hay método en su ataque feroz a las sociedades libres. Los tiranos de la región son descarados en su narrativa: ya no se pertenecen, le pertenecen al pueblo, con la Revolución (transformación) todo sin la Revolución nada, amor con amor se paga, el pueblo pone y el pueblo quita. Es una extensa y bien estructurada narrativa común en los demagogos de la región, que viene desde la Cuba castrista y al ganar ponen en práctica su plan destructor, someter todas las instituciones del poder a la voluntad del sátrapa. Luego la gran mentira: matan de hambre, persiguen y esclavizan a las sociedades invocando la izquierda, pero en su propaganda siniestra la izquierda es redentora de pobres y menesterosos. Los esclavistas asesinos de generaciones pasan por salvadores porque así se definen.

Donde gobernaron o gobiernan estos demagogos populistas que se llenan la boca, impostan la voz e inflan el pecho llamándose de izquierda, el trágico resultado de sus tiranías es que empobrecen y esclavizan a los pueblos, o están en proceso de empobrecerlos y esclavizarlos ahora mismo. Le llaman humanismo siendo que apalancan su autoritarismo en corrompidas élites militares, capitalistas inescrupulosos sin otro dios que el dinero y vendidas elites de intelectuales y periodistas dispuestos a mentir, sabiendo que mienten y conociendo las consecuencias de sus mentiras. Son los adláteres útiles, en coro hacen una vocería que mitifica al tirano de turno y desacreditan al adversario. Al tirano le salen baratos, a cambio de su abyección se conforman con recibir el calor del poder; impunidad y rentas cuando las hay.

Esos gobiernos despiadados son como el parásito a su huésped, no lo sueltan hasta consumirlo. La diferencia entre estos sátrapas y los parásitos biológicos, es que son conscientes de mantener con vida al huésped para subsistir ellos, lo nutren artificialmente regresándole migajas que lo mantenga vivo. No me detengo en dar ejemplos, ahora mismo están puestos en vitrina para quien tenga la honestidad de verlos. Sólo dejo un apunte para los incautos que ponen de ejemplo a China, la gran potencia asiática prosperó cuando dejó el credo comunista, hace décadas es una dictadura ferozmente capitalista. Hubiesen seguido con el librito rojo de Mao y terminan como la Cuba castrista, implorando por mendrugos.

Pasmados por la machacona y profusa narrativa de izquierda, aceitada en una prensa complaciente de vendidos dispuestos a perdonar e incluso aplaudir las peores atrocidades de los gobiernos demagogos, la derecha quedó confundida. Permanece atónita por temor a ser asociada con Pinochet, Hitler, Mussolini, Franco y otros dictadores históricos o en México a ser llamados hijos de Maximiliano y Carlota, reaccionarios que extrañan a Díaz Ordaz. Las dictaduras son infames cualquiera que sea su ideología, pero las de izquierda son peores en tanto que destruyen el desarrollo y llevan a sus gobernados hasta el punto de la miseria, muchas veces a la subsistencia que ronda linderos de infrahumano.

Por haber asimilado la propaganda de izquierda, los supuestos gobiernos de la derecha no se asumieron como tales ni cuando ganaron el poder, honrando o al menos respetando su ideología. Les daba y les da verguenza declararse como tales; Vicente Fox se proclamó de centro izquierda, Felipe Calderón prometió rebasar a López Obrador por la izquierda y los de hoy tienen dificultades para definir el concepto de familia. Nunca tuvieron conciencia plena de su momento histórico, en lugar de reivindicar el portentoso movimiento político y social que los encumbró en la parte más alta del Poder, cayeron en la trampa de que la derecha es mala y la izquierda buena. ¡cuando la izquierda es muerte y esclavitud!.

Si los actuales dirigentes del PAN quieren tener alguna viabilidad de éxito electoral, necesitan situarse sin temor en la derecha que advertida en su logo: Patria, Familia y Libertad. No tienen opción para los matices, el escondido que sigue gobernando desde Palenque triunfó cuando dividió al país en buenos y malos, ahora sólo hay espacio para la extrema izquierda y la extrema derecha, sin matices intermedios. Y si lo hicieron pensando en que otros movimientos derechistas recuperan terrenos (tampoco me detengo en citar ejemplos, ahí están), tienen que hacerlo con mayor razón. Asúmanse como tales y tendrán a su favor el impulso polarizador del megalómano, son millones y millones de mexicanos que lo detestan. Querámoslo o no, él nos puso ahí, ofrezcan a esos mexicanos una esperanza de vida. Para tener éxito y trascender necesitan pensar como pensaron sus fundadores, en el país no en la próxima elección y mucho menos en las pequeñas rentas de plurinominales y ministraciones mensuales.

Cuando cayó el Muro de Berlín jamás pensé que volvería a escribir en términos de izquierdas o derechas, creí superados esos desvaríos ideológicos. Lo que deberíamos discutir es sobre gobiernos eficientes e ineficientes. Pues no, el mundo está de cabeza otra vez, ni modo es el mundo que nos tocó vivir y debemos enfrentarlo.