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domingo, febrero 22, 2026
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Como Carlos Salinas con el “no se hagan bolas”, así Jorge Romero con el “no habrá alianzas y punto”. Salinas llegó tarde con su aclaración, ya estaba en marcha el complot contra Colosio, atribuido en el submundo a su hermano Raúl. Romero está muy a tiempo, para el inicio formal de las campañas falta un año. Su tajante imperativo está dirigido a los montessoris de su partido, los pequeños liderazgos incapaces de ver más allá de sus narices, los que se miran al ombligo y lo toman como principio y fin de la política. Esas mentes inanes no han comprendido que las alianzas sólo beneficiaron al PRI, dando vida artificial al diminuto atado de rentistas bajo el cacicazgo de Alejandro Moreno, un matoncito histórico.

Retrocediendo al origen, recordemos que los gobernadores del PRI sobrevivientes al tsunami del 2018 promovieron, en un primer momento, la candidatura de José Narro a la presidencia nacional del PRI,  influenciados por Manlio Fabio Beltrones. Narro recibió el consenso hasta que manos oscuras intervinieron y en reunión celebrada en Toluca, mayo del 2019, súbitamente cambiaron de parecer, optando por el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno. ¿Qué pasó en aquella reunión donde estuvieron presentes once de los doce gobernadores de entonces?. Siempre se dijo que ahí, en ese preciso momento y probablemente como Peña de interlocutor oculto, se rindieron a López Obrador.

El resto es historia, uno a uno los gobernadores del PRI fueron entregando su estado al populismo: Alfredo Del Mazo, el estado de México; Héctor Astudillo, Guerrero; Miguel Riquelme, Coahuila; Juan Manuel Carrera, San Luis Potosí; Quirino Ordaz, Sinaloa; Alejandro Murat, Oaxaca; Omar Fayad, Hidalgo; Marco Antonio Mena, Tlaxcala; Alejandro Tello, Zacatecas. Faltó Claudia Pavloivch de Sonora, quien también entregó. Después López Obrador recompensó la traición otorgándoles cargos diplomáticos y cubriéndolos con su manto de impunidad. Les permitieron disfrutar lo robado.

El único que permaneció fuera del nuevo gobierno, aunque también entregó su estado, fue Alejandro Moreno. El régimen lo necesitaba para que siguiera sirviendo de comparsa. En la elección presidencial hizo el trabajo acordado boicoteó la campaña de Xóchitl Gálvez, contribuyendo a su derrota como contribuyó antes a la entrega de los gobiernos priistas. Marko Cortés fue obtuso y mezquino al abandonar la campaña de Xóchitl, alito fue traidor. Cumplía con su deber, estaba sirviendo a quien lo encumbró en la dirigencia del PRI, ¿qué le importaba Xóchitl si él había logrado perpetuarse como presidente del PRI, sabiéndose además impune por los oscuros acuerdos con López Obrador?.

Esta sabandija de la política ahora tiene el descaro de rogar por las alianzas, con el cinismo de poner el “bien de México por delante” y recriminar al PAN de pensar en sus intereses políticos y no en el superior del país, como si le importase. En el fondo, tiene pavor a perder el registro, escritura de su emporio. Nada más imagínelo candidato a presidente, quién votaría por él. Con las alianzas, Acción Nacional dio vida a este mentecato encubierto en estridencias bravuconadas y todavía algunos panistas, ingenuos o temerosos, piensan que aliarse con él es la mejor alternativa electoral contra el autoritarismo. Tiene uno dificultades para dar crédito a mayúsculos sin sentidos, aliarse con el PRI de alito es firmar un pacto con el enemigo, es transferir votos a quien trabaja y ha trabajado desde un principio para la consolidación del régimen autoritario y votos es lo que menos tienen. ¿Pero es que, en serio, no se dan cuenta o se hacen pendejos porque están en las mismas que alito, confraternizando?.

Puede que a muchos no le gusten los modos de Jorge Romero, a mi tampoco. Lo veo como un político superficial, el típico de redes y mercadotecnia, de los que están satisfechos con escenarios luminosos y al hablar en vez de sustancia optan narrativas huecas de lugares comunes. Pero, aparte de cancelar la nefasta alianza con el PRI, en dos temas fundamentales que no han destacado suficientemente bien ni ellos mismos, Romero acertó: abrir el PAN a la sociedad y levantar el secuestro que la burocracia partidista hizo del Padrón. Falta que lo lleve a los estatutos y, más importante aún, a los hechos. Es, sin embargo, un primer paso que demuestra voluntad de cambio, decisión relevante si tenemos presente que permanecieron adormecidos durante al menos siete años, haciendo lo mismo que los llevó al fracaso una y otra vez.

Más que convencer a los panistas montessoris de que aliados con el PRI no hay destino, en algún momento les caerá el veinte y se convencerán solos, el reto de la dirigencia nacional es diseñar mecanismos fáciles, incluyentes y democráticos para incorporar en las elecciones a figuras prominentes de la sociedad, liderazgos macizos en las diferentes áreas que sólo esperan espacios para colaborar. No hablo sólo de posibles candidatos, obviamente tendrán que incorporar a varios para dar credibilidad a su relanzamiento, la alianza debe ser más amplia. También hay muchos mexicanos, quizás millones interesados en contribuir a las campañas por el hecho de sentirse útiles al país. Esos mexicanos no buscan cargos, no buscan dádiva, no buscan prensa, buscan participar. Es la desconcertada clase media sinceramente preocupada por la destrucción del país. Encuentren espacios para ellos y detonarán su potencial electoral.

Tengo la impresión de que el PAN está frente a la última oportunidad de su larga vida, recuperan en esta la confianza ciudadana o la perderán para siempre. En ese caso sufrirán más temprano que tarde el mismo destino del PRD y el que pronto espera al PRI, desaparecer por inanición, ayunos de votos y desacreditados socialmente. Hoy no es válido invocar a los Gómez Morín, los Efraín González, los Clouthier o Castillos Perazas. Ni citar la brega de eternidad o llorar con que las ideas y los valores son nuestras mejores armas, no tenemos otros ni las mejores. Los panistas de hoy están obligados a construir su propia historia, recuperar la confianza ciudadana que ayer los empujó hasta sacar al PRI de Los Pinos. Aquella es historia escrita, penosamente cerrada en dos sexenios desastrosos. Hagan su propia historia, concreten la refundación de su partido y, como muchos mexicanos que los siguieron antes, también los acompañaran ahora. La libertad encontrará cause, con o sin el PAN. Dense la oportunidad de ponerse al frente.