En la permanente escalada intervencionista de los Estados Unidos, el asesinato del agente Camarena representó un antes y un después. La historia registra que lo mataron Caro Quintero y Don Neto Fonseca, por denunciar sembradíos y acopio de marihuana en Búfalo. Una venganza que abre otra pregunta: ¿Porqué lo asesinaron en Guadalajara y no en Estados Unidos?. Perdón por la perogrullada, porque estaba trabajando en México, no en California, no en Texas, no en Nueva York. Junto con otros agentes de la DEA desempañaban labores policiales en territorio nacional, encubiertos con credenciales diplomáticas. Aparte de la corrupción endémica, otra causa del constante empoderamiento criminal durante más de cincuenta años, es la intervención ilegal de los Estados Unidos en nuestro territorio y el allanamiento de los gobiernos mexicanos a sus exigencias.
A partir de Camarena, agente con fama de corrupto, la DEA emprendió una feroz persecución que, cuatro años después, motivó la detención de Miguel Ángel Félix, concedida por Salinas de Gortari con tal de limpiar su deteriorada imagen, tras el fraude de 1988 contra Cárdenas. Esa detención (Caro y Don Neto ya estaban presos) detonó la descomposición de la mayor organización criminal del país, el Cartel Guadalajara. Quedó dividido en los carteles de Tijuana, Juárez, el Golfo y Sinaloa, confrontados entre si por las mejores “plazas”. Entraron en guerra inmediatamente, los delincuentes siempre quieren más, llevando hasta el cielo las estadísticas de asesinatos, extorsiones, secuestros y varios delitos del fuero común.
Como Peña cuando entregó a Félix Gallardo, el único capo de capos, Calderón también quiso legitimarse, la campaña de fraude en la elección del 2006 fue muy intensa. Con ese fin declaró la guerra contra el narcotráfico y como estrategia central, sugerencia de la DEA, intentó restituir la federación desmantelada décadas atrás, los altos ochentas. Ahí sí, la descomposición violenta explotó, no pudieron contenerlos y en vez de consolidar una gran organización terminaron atomizando la criminalidad en pequeñas e incontrolables bandas regionales y facilitando el surgimiento del cartel más violento y poderoso, el Cartel Jalisco Nueva Generación. En buena medida la DEA es responsable de la violencia en México, primero intervino para desmantelar a la Federación y después motivó una guerra, aconsejando formarla de nuevo.
Así estaba la criminalidad, Peña se ausentó irresponsablemente, cuando López Obrador llegó al gobierno. Entonces sucedió lo inimaginable, de las complicidades económicas, todo se reduce a dinero, pasó a las complicidades político-electorales. AMLO frenó a la DEA, por el caso del general Cienfuegos (Un tema por sí mismo), pero se convirtió en aliado de los grupos existentes. Todos, en especial Sinaloa, recibieron el beneplácito del señor presidente para ocupar territorios y desplegar sin restricciones sus actividades delictivas. López Obrador hizo del país un paraíso de los delincuentes y, obvio, otra vez expandieron sus actividades llevando la extorsión a lucrativas actividades económicas lícitas: transporte, aguacate, limón, madera, pesca, comercio, construcción, proveedores en gobiernos municipales, estatales, federal y, joya de su corona, el repunte del huachicol a escala megaindustrial.
La corrupción y la complicidad siempre han existido, también la política de agacharse frente a Estados Unidos. Pero nunca, jamás, un presidente del país se asumió como protector público de los criminales, porque “también son seres humanos”, usándolos como asociados electorales. En el sexenio pasado las líneas entre crimen y gobierno quedaron desdibujadas, de modo que hoy existe una impúdica cohabitación entre gobernantes y criminales, a veces intercambiando roles. ¿Quien es, o era, el jefe de La Barredora, Hernán Bermúdez o su jefe en el gobierno de Tabasco, Adán Augusto López?. El jefe del jefe, es el jefe, qué no. ¿Quién manda, o mandaba, en Sinaloa, el Mayo Zambada o Rubén Rocha Moya? Se llevaron al Mayo y el estado entró en una guerra brutal que ya cumplió un año, ¿o no?.
Son dos ejemplos de alto perfil y si bajamos a los municipios está peor, en la mayoría manda el “jefe de plaza”, no el presidente municipal. Tienen a la policía en su nómina, deciden sobre inversiones del presupuesto, se signan obra pública, asignan horarios a restaurantes, bares y licorerías, autorizan bailes, jaripeos, charreadas, kermeses y grupos que amenizan. En política deciden quien puede participar de candidato a cargos de elección y hasta movilizan o contienen gente el día de la jornada electoral. Son los que “cuidan al pueblo”, unos lo hacen atemorizando con extorsiones a la comunidad, otros dejándolos en paz, modalidades que nos llevan a una distinción entre jefes criminales buenos y malos; donde los buenos no extorsionan a negocios y los malos si. A eso llegaron millones de mexicanos, hoy agradecen a los “criminales buenos”, porque los dejan trabajar sin ser extorsionados.
Las organizaciones criminales son un monstruo de mil cabezas, especialistas en seguridad siempre han dicho que la clave para desmontarlas es siguiendo la ruta del dinero, no con armas de fuego. Esta ruta no la siguen los gobiernos, ni de México ni de los Estados Unidos. Sí, recientemente intervinieron tres pequeños bancos mexicanos (CIBanco, Intercam y la casa de bolsa Vector), otra simulación pues no son los únicos que manejan dinero sucio. Moviéndose cantidades inimaginables de dinero en el sistema financiero global, es comprensible que gobiernos, banqueros, empresarios dejen correr el chorro y cada quien toma su parte, en modo y medida que le corresponde. Ellos son felices, que las sociedades atrapadas entre las garras de criminales sufran asesinatos, extorsiones, secuestros, robos. Que la gente viva en temor, atrapados sin salir de casa por las noches, que les importa.
Queda el apunte, por lo que tanto dicen últimamente: que Chihuahua está por entrar en otra guerra de bandas. Ojalá no, esa historia ya la vivimos y es de terror. Abusados.















