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domingo, febrero 22, 2026
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Pasó el primer año Claudia Sheinbaum y ella sigue sin ejercer el mando, el suyo es un modelo parecido a las regencias; preside pero no gobierna, ordena pero no manda. Es la más votada en la historia del país y, sin embargo, en vez de hacer un gobierno propio decidió extender el anterior. No es asunto de continuidad institucional, ella decidió hacer suya y defender como propia la pesada herencia recibida que lastra su administración y la exhibe como subordinada, voluntaria o no. Sacó la impuesta reforma judicial terminada en el grotesco fraude del acordeón, está con la reforma electoral cuyo fin es cooptar los órganos electorales y crear un sistema de partido hegemónico, profundiza el desmantelamiento de los órganos ciudadanos, gobierna con incondicionales del presidente anterior, así le falten al respeto.

No es su gobierno, es el gobierno del escondido y ella parece cómoda oficiando de aplicada operadora “del movimiento”. El informe presentado esta mañana, en los hechos, el reporte puntual de tareas encomendadas, la rendición de cuentas a quien la puso en el cargo. Ha confundido lealtad con sometimiento, no sale ni un milímetro del camino trazado, transita la ruta impuesta con la fidelidad de un sabueso amaestrado siguiendo los pasos de su amo y, diligente, elige los momentos y las palabras adecuadas para dejar constancia pública de su obediencia.

La única diferencia con el anterior ha sido el combate a la criminalidad, aquel derrochó abrazos hasta empoderarlos como ningún otro presidente, ella combate a los carteles de la droga y el huachicol que López Obrador dio por desaparecido en una mañanera. Con una observación, si los ha combatido es forzada por el gobierno de Trump, teniendo cuidado extremo en mantener la narrativa de combatir las causas, sofisma usado en el sexenio pasado para justificar el empoderamiento de los grupos criminales. No está personalmente convencida de combatirlos, las exigencias públicas del gobierno norteamericano la obligaron, la dejaron sin opciones.

Es la presidenta más débil en la historia del país, quizás sólo comparable con los títeres de Calles; Portes Gil, Ortiz Rubio y ya no recuerdo si también Abelardo Rodríguez. En el caso de Sheinbaum con el agravante de quedar atrapada entre dos personalidades narcisistas, enamoradas del poder y tufo de charlatán. Al interior del “movimiento” está impedida para ejercer la presidencia con sentido propio, temerosa de molestar a López Obrador; en política exterior acepta todas las condiciones impuestas por Donald Trump, maniobrando como puede para evitar que colapse la relación comercial con el poderoso vecino. Quedó atrapada, escribí en columnas anteriores, entre dos charlatanes.

Hasta hoy ha podido sortear su precaria situación política con habilidad e inteligencia. En la política domestica satisface las exigencias de López Obrador acentuando la destrucción institucional que les permita consolidar un régimen autoritario sin oposición política; en política exterior ha cedido a cuanto capricho le impone Trump, entregando a girones la soberanía nacional. De la ruta hacia el autoritarismo no se desvía, como dije, ni un milímetro, de las exigencias planteadas por el presidente norteamericano sólo ha resistido dos; la entrega de narcopolíticos y la autorización para que intervenga el Ejército norteamericano en territorio nacional.

Su debilidad política es tan pública que una de las preguntas más concurrentes es ¿hasta cuándo?. Es decir, cuanto tiempo más podrá mantenerse haciendo malabares entre las dos personalidades que la mantienen atosigada. Estoy convencido de que no sabe, si por ella fuese ya se hubiese liberado de los dos, a nadie le gusta pasar por juanita. El problema es que no puede, López Obrador la tiene atrapada en extendida red de subordinados que abarca las cámaras legislativas, el gabinete, el partido, la Fiscalía, el Poder Judicial, los órganos electorales y, probablemente, los barones del crimen. Liberarse de Trump menos, intenta distanciarse y con una orden ejecutiva trastorna las relaciones comerciales, haciendo colapsar la economía nacional. Con un desajuste violento a ellos les da una ligera tos, a nosotros pulmonía. La asimetría económica es brutal, hace impensable cualquier intento de insubordinarse.

Pero si quiere pasar a la historia como la primera presidenta del país y no como “la juanita de Obrador”, necesitará armarse de valor, asumir riesgos y empezar a tomar decisiones propias. Necesita enviar el mensaje claro e inequívoco de que de está al mando, de que es ella quien gobierna en el país, no el escondido mandando desde Palenque. Ya perdió el primer año y no hay una señal mínima que permita suponer cambios, hasta hoy es la compañera confiable. No concluyó su primer año, concluyó el séptimo de López Obrador.

Rompeolas

Hoy empieza, también la era del acordeón, otro periodo oscuro en la historia del país, entregada la Justicia al poder Ejecutivo, de hecho y derecho. Será una de las etapas más vergonzosas de la vida nacional, con ministros de la Corte, magistrados y jueces emanados de una reforma impulsada por la venganza de un resentido con el mayor poder en el país, un proceso tamizado por la ridícula tómbola y un grotesco fraude sancionado por los tribunales electorales. El daño será mucho y duradero, espero que la locura termine pronto, México ha soportado innumerables estupideces de sus gobernantes, la reforma judicial y sus acordeones es una de las más grandes.

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La gobernadora Campos regresó muy contenta del informe presentado por Claudia Sheinbaum, esta mañana en el Patio de Honor del Palacio de Gobierno. Maru se tomó la foto con gobernadores de Morena, MC, PRI, PAN y hasta con el nuevo presidente de la Corte y rey del acordeón, Hugo Aguilar. Andaba la gobernadora chihuahuita como pez en el agua, fresca repartiendo sonrisas y abrazos. Su seguridad es producto de la buena relación política que ha sabido cultivar con la presidenta Claudia Sheinbaum. Ojalá perdure, las buenas relaciones institucionales con la Federación siempre serán positivas para Chihuahua.