Las versiones son concurrentes, Andrea Chávez y otro joven de nombre Fernando Chacón se incorporaron al equipo de la entonces candidata de Morena al senado, Bertha Alicia Caraveo, ganadora de la encuesta en 2018. Chávez llegó como secretaria particular, Chacón de asistente. En esa calidad la entonces senadora electa los invitó a trabajar con ella en Ciudad de México, ambos aceptaron entusiastas, de jóvenes desconocidos en Ciudad Juárez a tener escritorio en el Senado de la República, era un salto cualitativo.
Con Andrea Chávez la relación laboral duró poco más de un año, pues la entonces senadora pronto desocupó a la joven. Entre las fuentes de Morena no hay consenso sobre los motivos específicos de la ruptura, supongo que Caraveo ha sido muy discreta con el tema. Pero no existen dudas de que terminó muy mal, traicionando la confianza de quien le abrió puertas en Ciudad México. “La despedí cuando supe quien era, me propuso asuntos indebidos”, habría dicho la senadora en corto, sin aclarar a qué se refería específicamente con eso de saber “quien era” ni qué “asuntos indebidos” le propuso. Es una mujer discreta.
Los motivos por los cuales la despidieron hoy son intrascendentes, sólo sirven para el chisme político. Causa morbo saber porque su empleadora, Bertha Caraveo, se deshizo de ella tan pronto, quedándose sólo con el joven Chacón. Lo relevante es que en tan sólo tres años Andrea Chávez pasó de secretaria a diputada federal, postulada por la tómbola. Así la conoció Adán Augusto, siendo diputada, y pronto establecieron una sólida relación política. Algunos sugieren que se trata también de relación sentimental, esa parte no me importa ni quiero saber, ambos son adultos y saben que hacer con su vida personal.
La importancia radica en que, desde el momento que vieron cruzados sus caminos, la vida de Andrea Chávez cambió radicalmente. De ser una diputada inexperta a recibir en su informe de actividades a gobernadores, secretarios, diputados y senadores, personajes encumbrados del régimen como si fuese informe de gobierno. Su nuevo padrino político abrió para ella las relaciones más codiciadas del régimen, haciéndola una de las diputadas más visibles de San Lázaro.
En esa temprana relación se anuda el complot contra Chihuahua. Unido su destino político al de Adán Augusto López, Andrea Chávez quedó inscrita en el grupo Tabasco al que hoy un gobernador de Morena y un hermano del expresidente vinculan con la organización criminal conocida como “La Barredera”. A ella no le importó adosar su nombre a lo peor del régimen, dicho por sus adversarios internos. Ella siguió escalando, de diputada pasó a senadora e influyente vocera del senado (sus colegas le llaman por lo bajo la jefa), y a precandidata que derrocha dinero en su afán de llegar al gobierno estatal.
¿Cómo una joven de 27 o 28 años que llegó a Ciudad de México cargando la bolsa de una senadora sin mayores relaciones en “el movimiento”, en menos de seis años pasó a ser la precandidata más visible y estridente de Morena al gobierno del estado?. En opinión de prominentes líderes del partido oficial, su repentino surgimiento político sólo tiene lógica sobre la base de ser la consentida del prominente y acaudalado coordinador de senadores.
En esta parte entra el grupo Tabasco. Por Latinus supimos que las caravanas médicas (dos primero y luego otras dos) que trajo a Chihuahua como parte de su campaña, tienen un costo de casi diez millones de pesos mensuales, cada una. Si los mantuvo por alrededor de dos años hablaríamos de un monto erogado próximo a los mil millones de pesos, cantidad con la que puede ser construido un hospital de especialidades en Juárez, Chihuahua o cualquier lugar del país. O quinientos, si únicamente alcanzó a contratar dos, de cualquier manera enorme fortuna, sin contar otros gastos de campaña, como los espectaculares, giras y más.
Hasta hoy la senadora no ha tenido una respuesta satisfactoria y coherente sobre quien pagó las cuantiosas rentas, sin mencionar nombres se concretó a decir que “amigos empresarios”. De ser el caso, por experiencia sabemos que ningún empresario regala su dinero y menos en cantidades de 20 o 40 millones de pesos mensuales. Si por alguna razón los desembolsan, es con criterio de inversionistas en proyectos de gobierno. Meto diez para sacar cien, mínimo.
Pero sobran indicios para sospechar que Andrea Chávez miente con eso de los “empresarios amigos”, pues también por Latinus sabemos que las unidades médicas pertenecen a la empresa FMedical, propiedad de Fernando Padilla Farfán, un empresario veracruzano que durante décadas ha conseguido contratos con gobiernos de diferentes signos: PRI, PAN PRD y Morena. Esas mismas caravanas las contrató Alejandro Armenta, otro favorito de Adán Augusto, en su campaña al gobierno de Puebla.
La relación de Padilla Farfán con el poder, al menos data desde el gobierno de Fidel Herrera en Veracruz y después en Puebla con Moreno Valle, en ambos recibió contratos millonarios. Es un hombre avenido al poder, sin partidos ni colores, lo suyo es el dinero, pragmatismo en el que congenió con Adán Augusto, de quien (aseguran diversas fuentes) recibió contratos en el gobierno de Tabasco, en Chiapas cuando gobernaba Rutilio Escandón, quien fuese cuñado del ahora coordinador de senadores, con Armenta en Puebla, en Baja California de Marina del Pilar, en la Secretaría de Comunicaciones. Muchos de los contratos, casi todos multimillonarios, asignados de manera directa.
Con ese apoyo político y económico desmesurado, como no ha recibido ningún otro aspirante al gobierno de Chihuahua (comparada con el dispendio de la senadora, los cien millones de pesos que Teto Murguía ofreció a Reyes son un juego de niños), es fácil entender su enorme visibilidad como aspirante al gobierno. Dudo que haya otro, ni siquiera Pérez Cuéllar, que tenga la mitad de su exposición mediática.
La senadora ha demostrado inteligencia y excelente manejo mediático, es una mujer que aprende pronto, pero en razón de los hechos registrados en diversos medios, de los que sólo recupero algunos, son pertinentes las siguientes preguntas: ¿A cambio de qué tanto dinero invertido en su campaña?, ¿Ofreció en contraprestación el presupuesto del gobierno estatal?, ¿de cumplir sus objetivos, gobernaría la discípula o el padrino?, ¿los nuevos contratistas serían Padilla y los cuatro amigos tabasqueños?, ¿en manos de quien pondría la seguridad de Chihuahua, conociendo los antecedentes del grupo con “La Barredora?.
Váyanla pensando los entusiastas e ignorantes que, alucinados por una cara bonita, sucumben al canto de las sirenas. Y no es todo, en este complot contra Chihuahua intervienen de manera preponderante al menos un activista extranjero y un traidor doméstico. Sobre la intervención de estos dos personajes y las consecuencias económicas, políticas y sociales para Chihuahua hablo en la tercera y última parte de la entrega.















