La confrontación entre Javier Corral y César Duarte inició en el distante enero del 2015, durante un desencuentro de ambos en el Senado de la República, cundo Corral era senador por el PAN y Duarte gobernador priista de Chihuahua. Aquella lejana mañana ambos salieron con los egos lastimados; Duarte soltó el primer golpe diciendo que “Su hermano (senador) fue procesado por narcotráfico y otro de sus hermanos procesado por fraude bancario. Desacomodado, el interpelado respondió con una de sus usuales diatribas, “usted (gobernador) tiene un comportamiento de pandillero”.
El golpe bajo ya estaba dado y Corral, de rencores eternos, jamás perdonaría que su familia quedara expuesta públicamente por delitos graves. Esa y ninguna otra es la razón personalísima que detonó uno de los pleitos más feroces entre exgobernadores de Chihuahua y vaya que hay historias que contar al respecto. Ambos la tomaron personal, queriendo aniquilarse uno al otro como si no hubiese mañana, siendo Duarte el más perjudicado, hay que joderse con cuatro años de prisión. También Corral llevó su parte, socialmente es el más desprestigiado de los dos, en Chihuahua no puede salir sin temor a sufrir coscorrones y mentadas.
De aquel choque en el senado, trasladaron su pleito a la escena electoral, con Javier Corral como candidato a gobernador del PAN y Duarte oficiando de coordinador general de las campañas priistas. Con ese afán, Duarte trató de frustrar el arribo de Corral a la gubernatura, improvisando en otros partidos candidatos a gobernador emanados del PAN; Pérez Cuéllar en Movimiento Ciudadano, Beltrán del Río por el PRD. Sus maniobras político-electorales fallaron, con una narrativa estridente, Corral capitalizó el descontento social contra Duarte, quien al final de su mandato ganó fama pública de corrupto y abusón. Con la menor cantidad de votos, apenas superando los quinientos mil, el senador ganó la elección. Siendo pésimo candidato, Serrano resultó peor.
Ya investido, los apetitos vengativos de Corral fueron tan delirantes que hizo de su gobierno una lucha personal contra el odiado, queriendo encarcelarlo a cualquier precio. En ese afán vengativo abandonó sus deberes con Chihuahua, hasta el punto de retorcer la justicia, pasando sobre el Poder Judicial. Obcecado, persiguió al exgobernador que trató a sus hermanos de pillos y delincuentes, siendo que Duarte dijo verdad pues sus hermanos fueron procesados por los delitos que le señaló durante su primera confrontación en el senado. Por supuesto, a nadie le gusta que le digan sus verdades, menos a un pequeño iluminado con ínfulas de puritano. También él se asume moral e intelectualmente superior.
No quedó ahí, según trascendió entonces, usó recursos públicos a su cargo para emprender en los Estados Unidos una persecución con frenesí de Quijote sin Sancho. Contrató a un influyente despacho de abogados a efecto de que presentaran una demanda contra Duarte y su hijo mayor, convencido de que habían adquirido cincuenta propiedades mal habidas en diferentes ciudades del Vecino País. Prometió que serían recuperadas, el culpable llevado a prisión y regresados a la Hacienda estatal los recursos malversados. Él mismo Corral hizo de esa cruzada su narrativa favorita durante meses.
Por primera vez en la confrontación sin tregua que lleva más de una década, Duarte tiene una victoria legal que presumir; un juez texano sentenció que no hay pruebas que lo inculpen y ordenó sobreseer el caso. Concluido el juicio favorablemente para Duarte, los papeles se invierten, ahora Corral pasa de acusador a señalado, junto con quienes declararon en el juicio fallido. Puede ser llevado ante la justicia norteamericana por el delito de perjurio. Según la sentencia del juez norteamericano, hoy queda claro que montaron un teatro insustancial a base de mentiras. Dicen los abogados de Duarte que Corral también puede ser presentado ante la justicia mexicana, por delito de alta traición. Usted interprételo.
Legal y mediáticamente Duarte tiene ganado este asunto en particular, al fin una buena entre varias seguidillas de malas. Sin embargo calma, las implicaciones legales son inciertas, tanto en Estados Unidos como en México la justicia está sometida a la política y ahora Corral es senador por el régimen ¿qué puede hacer un exgobernador sin influencia contra él, teniendo ese poderoso manto protector?. Recuerden, en el populismo destructor la justicia es para los enemigos del régimen, los devotos gozan de indulgencias permanentes, ahora que están de moda por el jubileo.
Pero Duarte logró el efecto deseado, subir al escrutinio de la opinión pública al mentecato senador, ahora en calidad de acusado. Ya traía sus pendientes con la Fiscalía Anticorrupción, de hecho está en libertad por abusona intervención del régimen, su desprestigiada imagen en Chihuahua ha sufrido menoscabo en Ciudad de México, con este revés queda como una carga para sus protectores, una contrariedad si lo llevaron por su experiencia de merolico parlamentario. Ahí está su mayor logro, circunstancia que explica el tono en la conferencia de hoy, necesitaba ese pequeño triunfo.
Sólo por mortificar, una pregunta antes de cerrar la columna: ¿al verse señalado públicamente como alguien que posiblemente cometió perjurio ante la justicia norteamericana, sería susceptible de ser ingresado a la temida lista Marco?. Ninguno de los dos abandonará la lucha, la diferencia es que ahora Duarte se levanta de la lona para poner a Corral contra las cuerdas. Y si lo incluyen en la lista de los extraditables, su triunfo habrá sido completo, puesto en esa lista la socarrona y engreída sonrisa de Corral quedaría congelada, es el arma eficiente de Trump contra la presidenta Sheinbaum. Quienes se asumen apuntados en ella renunciaron a viajar a los Estados Unidos, así les ofrezcan un fin de semana todo pagado a Las Vegas y cien mil dólares en fichas de casino. Pregúntele a Rocha Moya, Adán Augusto, Américo, Cruz y a las peores fichitas del régimen.
Rompeolas
Muy enjundioso llegó Marco Bonilla de Roma, la bendición papal le insufló adrenalina política. Pertinente y madura la bienvenida que dio a Cuauhtémoc Estrada, en su incorporación a la carrera por el gobierno del estado. Y no perdió tiempo, también convocó a Patricio Martínez con temas del centro, por el Fideicomiso que preside el exgobernador. Bienvenido, la grilla está subiendo de tono.















