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Chihuahua
domingo, febrero 22, 2026
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Esta semana Morena dejó ver el rostro más grotesco de la demagogia populista que nos gobierna desde 2018, entregándonos tres momentos que contradicen flagrantemente su falso discurso de humildad rematado con el somos diferentes. El martes Adán Augusto López, senador en decadencia política depuesto de la coordinación, declara con ínfulas del que todo lo puede que su protegida, Andrea Chávez, será candidata y gobernadora de Chihuahua, porque ya le hace falta un buen gobierno al estado. Dos días después el magistrado presidente, Hugo Aguilár, pide a dos asistentes personales que le limpien los zapatos y él, en actitud de supervisor enérgico, observa que realicen la tarea correctamente hasta quedar satisfecho. Ese mismo día el secretario de Seguridad anuncia la detención de Diego Rivera Navarro, edil de Tequila, Jalisco, acusado de narcotráfico, extorsión, cobro de derecho de piso.

Con una pasión propia de hombres maduros encaprichados, siendo él un político experimentado, Adán Augusto López no tiene el menor recato en ofende a la dirigencia de su Partido y desafiar a la Presidenta, supuesta jefa política del movimiento (le dieron el bastón de mando) retándolos a que, pase lo que pase, su senadora favorita será gobernadora de Chihuahua. Le importó tres cacahuates desmentir el discurso machacón de que el pueblo pone y el pueblo quita, colocándose por encima del Partido, de la Presidenta y del pueblo, como si Chihuahua fuese su ínsula personal y decidera entregarla a quien le venga en gana. Así, con esa arrogancia se conduce el depuesto coordinador, fingiendo que todavía las puede siendo que es un personaje de interés para el gobierno de los Estados Unidos por estar asociado con el grupo criminal la Barredora que prosperó en Tabasco durante su gobierno y estar mencionado en los mayores escándalos de huachicol fiscal. Se conduce sabiéndose impune e intocable por la protección de pandilla y en vez de pensar en su precaria situación legal quiere disponer de candidaturas a gobernador.

Para describir la bajeza de Hugo Aguilár no encuentro calificativos suficientes: indigno, humillante, ultraje, deshonroso, degradante, deleznable, ruin, abyecto. Todos quedan cortos frente al hecho grosero del que los mexicanos fuimos testigos el día de la Constitución. Al ver su calzado sucio, no pensó a ir al sanitario o al menos hacerse a un lado, ahí mismo detuvo el paso pidiendo a los asistentes se acuclillaron a sus pies para limpiar los zapatos, obstruyendo el camino de altos funcionarios convocados a la ceremonia. No pidió que le prestaran un pañuelo ni sacó el suyo para limpiarlos él mismo, dejó que los asistentes hicieran la innoble tarea frente a cámaras nacionales y la clase política por testigo. El que renuncio a la toga por considerarla símbolo del neoliberalismo y declaró no tener inconveniente para viajar en Metro, tras el escándalo de los vehículos blindados, no se percató del acto degradable que protagonizó en el día más republicano del país. No se enteró de lo que hacía, la humillante postración le pareció de lo más normal al señor magistrado. El suyo es un gesto propio de castas, de superioridad por derecho natural. Y luego la respuesta, miente con que no se dio cuenta sabiendo que filmaron la indigna escena para verguenza de la posteridad.

El alcalde Rivera Navarro es el ejemplo más reciente y claro de lo que tanto nos acusa el gobierno de Trump; que México es un narcoestado. Por información de García Harfuch nos enteramos que el edil detenido pertenecía al grupo criminal conocido como Cartel Jalisco Nueva Generación y tenía el compromiso de entregar 40 millones de pesos al año al líder del cartel, el famoso Mencho. Esa cantidad millonaria en un municipio cuyos habitantes no llegan a los cincuenta mil y anualmente recibe alrededor de un millón trecientos mil turistas. ¡40 millones de pesos anuales en ese pequeño municipio de Jalisco!, ¿de dónde tanto?. Pues los hay: extorsiones, derechos de piso, obra pública y cuanta actividad ilegal pueda usted imaginar. De donde lo saquen, había que entregar el dinero puntualmente al mayor sicario, generando una doble tributación de los contribuyentes; la que pagan en oficinas públicas y la que les arrancan con la fuerza a riesgo de perder sus vidas o ver incendiados sus comercios, si deciden incumplir. ¿Cuantos Diegos Riveras hay en todo el país comprometidos a entregar una cuota anual al crimen?, ¿Tributan al crimen solo presidentes municipales o también gobernadores, secretarios de estado y otros funcionarios?.

Adán Augusto López, Hugo Aguilár y Diego Rivera no son casos asilados o manzanas podridas de un régimen honesto, austero y comprometido con el pueblo como profesa la narrativa demagoga. El senador sigue cobijado por la impunidad del fuero y de la pandilla, protegido por el ex escondido en Palenque; el magistrado es producto del capricho personal de López Obrador que lo puso de prioridad en los acordeones (el mayor fraude electoral en la historia del país) por ser indio, el simbolismo de Juárez; el edil de Tequila fue presentado por Claudia Sheinbaum como un excelente y honesto candidato que merecía ser votado, como lo hizo con tantos otros en su campaña presidencial. ¿Cuantos más hay como ellos?. Los que usted quiera, corrupción y vínculos estrechos con el crimen es la esencia del ser Morena: Marina del Pilar está señalada por los Estados Unidos, en Guerrero gobierna el crimen a través de los Salgado, hija y padre; Ramírez Bedolla es sospechoso de ordenar el asesinato del edil Carlos Manzo, un hombre decente; en Tabasco Adán Augusto protegió e hizo crecer a La Barredora, dirigida por su amigo y secretario de seguridad Hernán Requena; en la Laguna detuvieron al “Limones”, líder regional de la CATEM cuyo secretario general es diputado federal y protegido de Ricardo Monreal; en Sinaloa gobernaba el Mayo y hoy no gobierna Rocha Mocha, es un estado en guerra; a Mario Delgado, secretario de Educación, lo vinculan al Huachicol, lo mismo que al almirante Ojeda Durán, secretario de la Marina con López Obrador, cuyos sobrinos están siendo investigados, uno detenido y otro huyendo. A los hijos de López Obrador con negocios en el gobierno y  huachicol.

Todos los caminos, todos, llegan hasta Palenque pero López Obrador nunca supo ni sabe nada. Causa tristeza ver que nos gobierna un régimen afianzado en el crimen organizado y lubricado por la corrupción extendida de sus altos funcionarios. Así lo diseñó su creador, sobre la idea de que las complicidades unen más que las amistades. Por eso los abrazos y no balazos, consintiendo a los capitanes del narco hasta convertir a sus criminales organizaciones en monstruos insaciables de dinero que hoy gobiernan sobra grandes franjas del país, complicando la vida de los honestos mexicanos trabajadores. Industria, madera, agricultura, fruticultura, pesca, comercio, transporte, construcción, prácticamente ninguna actividad escapa a los agentes recaudatorios del crimen. En el gobierno la corrupción con el tráfico de influencias tampoco deja ninguna actividad suelta, todo es negocio para los nuevos empoderados. Por eso eliminaron el Instituto de Transparencia y los organismos autónomos, no querían y no quieren observaciones incómodas en los negocios del poder.

Lo único que les falta para consolidar este régimen de corrupción, muerte y soberbia disfrazada de pueblo, es reformar la Ley Electoral. La necesitan con urgencia porque saben que no pueden tapar el sol con un dedo, que los mexicanos se están cansando y mañana les voltearán la espalda en las urnas. Imaginan una ley que les permita seguir parasitando al poder cuando agoten el dinero de las dádivas y quiebren al país, lo que sucede aceleradamente. Hoy sus votos están nutridos en el dinero de todos los mexicanos, un billón de pesos en programas electoreros. Con la reforma electoral a su modo no los necesitarán, ellos harán la elección, contarán los votos y declararán ganador. No obstante sus planes sufrieron un contratiempo inesperado, cuando levantaron a Maduro supieron que otras fuerzas entraron al juego, acelerando la caída de regímenes demagogos, corruptos y criminales como el que pretenden instaurar en nuestro México. No podrán, cada vez hay más resistencia y cada vez la gente es más consciente de la devastación que nos espera con gobiernos como el de Morena. Si los episodios de Adán Augusto López, Hugo Aguilár y Diego Rivera fuesen una obra en tres actos, se llamaría «Los que son diferentes, resultaron peores».