Mi mamá fue una de las fundadoras del PAN en Jiménez, junto con otras señoras del pueblo se juntaban en reuniones casi clandestinas intentando lo imposible; ganarle al PRI. Muchos años después supe que se escondía de mi papá para ir a las reuniones, eran otros tiempos y a él, aunque simpatizante panista, le disgustaba ver la militancia activa de su esposa. El tío Isidro se burlaba de ella diciéndole “yo voto por el PRI para que mi voto cuente”, desacreditando aquellas luchas tempranas y sordas por la democracia. De alguna manera el tío chilo tenía razón, eran los tiempos de una oposición heroica víctima del poderoso partido único, sin cuyo aval político ninguna candidatura prosperaba. Sólo sus votos contaban.
Como nos costó a los mexicanos sacudirnos aquella poderosa hegemonía, décadas de luchas silenciosas hasta llegar al estruendo del 88, cuando el grotesco fraude contra Cuauhtémoc Cárdenas. Ya estaban vigentes las leyes de Reyes Heroles, pero el país empezó a cambiar a partir de aquel fraude. Después vino el IFE y luego la ciudadanización de los órganos electorales, el financiamiento a los partidos, las reglas equitativas que permitieron alternancias estables: del PRI al PAN, del PAN al PRI, del PRI a Morena y en los gobiernos estatales igual.
Hoy estamos, otra vez, frente al peligro de regresar a los tiempos en aquellas reuniones clandestinas en las que participaban mi mamá y cientos de hombres y mujeres valientes que dieron los primeros pasos en favor de la democracia. No conozco la Iniciativa, fuera de un puñado al interior del régimen nadie conoce los términos de propuestos, salvo los trascendidos que ellos mismos han hecho: menos dinero a partidos y órganos electorales, menos plurinominales, posible desaparición de los órganos estatales y lo que aportó últimamente la presidente, fortalecer la participación ciudadana, como ellos lo entiendan.
Esa no es la ley, es lo que nos muestran como elementos a debatir, con eso nos entretienen. La letra chiquita no la conocemos ni la conoceremos hasta que la presenten, pero sabemos que su idea de una nueva ley electoral tiene dos propósitos; garantizar sus triunfos electorales incluso contra votaciones copiosas adversas y asegurarse de tener siempre mayorías calificadas en las cámaras legislativas. No es que uno sea adivino, desde que López Obrador llegó al gobierno cada acción del régimen ha sido para concentrar poder, despedazar a la oposición por la mala y eliminar a los órganos que empoderan al ciudadano frente al gobernante. La reforma judicial lo más brutal.
Contradiciendo una historia de apertura democrática y lucha por elecciones justas, lo ha dicho Pablo Gómez con el cinismo que se les conoce: “el INE no puede ser autónomo y no aspiramos a establecer consensos”. Apalancados en su mayoría espuria, se han retirado el antifaz con el que ocultan su rostro autoritario, burlándose de los mexicanos que aspiramos a vivir en libertad. Porque en el fondo la lucha por la democracia es una lucha por la libertad y los derechos humanos plenos, valores supremos sin los cuales ninguna sociedad puede convivir y desarrollarse en relativa armonía.
A eso se reduce hoy la batalla por el país, el maniqueísmo polarizante del régimen nos colocó frente en dos bandos irreductibles: libertad o autoritarismo. Ahí estamos, en los próximos meses con la posibilidad de ver perdido nuestro derecho a elegir, optar libremente por un gobierno u otro. Es la esencia del autoritarismo demagogo que muchas veces termina en tiranía, llegan al poder por la vía democrática que pavimentaron los regímenes liberales y, una vez encaramados ahí, desmontan esas estructuras sociales para eternizarse. La historia confirma esas enseñanzas.
Con la reforma electoral en curso pretenden consolidar el autoritario impreso en su adn populista y demagogo, del que ya vemos ominosos signos como las advertencias de Pablo Gómez y varios legisladores impresentables. Están propuestos a consolidarlo y no seamos ingenuos, sus aliados y socios en el asalto al país, Verde y PT, no se atreverán a frenarlos y aunque intentasen no podrán. Esos partidos son negocios y cuando se habla de negocio todo se reduce a rendimientos económicos. La solución es simple: te voy a reducir el presupuesto, pero serás compensado con estos y otros contratos millonarios; te voy a reducir plurinominales, pero te pagaremos con esta gubernatura y aquellas alcaldías. O si no, pues para eso está la Fiscalía General de la República, es la versión populista de “plata o plomo”.
También he observado que existe la esperanza de que los Estados Unidos intervengan presionando para disuadirlos de sus planes continuistas, no creo. En Venezuela no les importó la democracia, se llevaron al dictador pero dejaron la dictadura, siendo que acababa de pasar una elección fraudulenta donde la oposición documentó en actas que el 69 por ciento de los votantes les dieron su respaldo. Allá pudo permanecer el régimen por que las leyes y los órganos electorales estaban al servicio de la dictadura. En calles y urnas el pueblo de Venezuela se pronunció contundentemente contra el régimen y en vez de recuperar la libertad encontró la represión.
La misma ley que permitió a Maduro “reelegirse” y seguir gobernando hasta que fueron por él, es la que pretenden implementar en nuestro país. Ya tienen en su bolsillo al INE y Tribunal, pero les incomodan las voces disidentes en ambos organismos. Su plan es cooptarlos por completo asimilándolos a la demagogia populista para que mañana, cuando se ofrezca en una votación que les resulte perdedora, resuelvan que Morena ganó tres contra uno, así la votación haya sido al revés. Porque si de verdad quisieran fortalecer la democracia, aprobarían la ley en acuerdo con los partidos opositores, no la impondrían con la fuerza de su mayoría comprada.
La libertad es un tesoro que sólo es valorado cuando se pierde, sin darnos cuenta lo tenemos por inherente al ser humano que no le damos importancia cuando la ejercemos. Si Morena consigue imponer su ley habremos vuelto a los tiempos en que mi señora madre, doña Tina, se juntaba a escondidas con otras señoras para conspirar contra un régimen todopoderoso. Entonces esta sociedad, hoy silente, conocerá la importancia de vivir en libertad. Para millones de mexicanos será demasiado tarde, la dictadura se habrá instalado destruyendo al país y sólo caerá cuando se pudra por dentro. Estamos a tiempo, pero cada vez queda menos espacio.















