Tras el estridente exabrupto donde advirtió que Acción Nacional refrenda, si o si, su alianza con el PRI o sus principales figuras en el gobierno van a la cárcel, la reacción privada de Alejandro Domínguez fue decir “¿…y qué?, por mí que le hagan como quieran”. En tales términos se habría expresado durante las réplicas y contrarréplicas privadas por el comentado episodio, según dijeron testigos.
Lo primero que debe comprender Alejandro es que preside, en Chihuahua, un partido agónico en franca decadencia. El PRI tiene años viviendo artificialmente de los votos panistas al tiempo que recibe oxigeno externo parasitando a su huésped, lo sangra desde adentro con tal de alargar su vida. Es la contradicción, mientras abusa de los votos panistas se mantiene con vida debilitando al PAN. Acéptenlo, el PRI como partido político es un desecho sin la menor esperanza de recomponerse.
Por eso la desesperación, sus dirigentes saben que sin los votos del PAN complican seriamente su registro estatal y en consecuencia pierden lo único que ahora mismo les interesa; dos o tres plurinominales que les permitan mantener las rentas y beneficios que dan los votos en una legislatura sin mayorías dominantes como la presente.
Para todos los efectos están siendo como Rubén Aguilar, con la diferencia de que Rubén tenía siglas propias y ellos las tienen prestadas. Su experiencia les dice que la próxima legislatura tendrá una composición similar a la presente y quieren tener sus dos diputados en venta. Sin alianza no los tendrán, lógico que patalee y se tire de los pelos rogando por ser tomado en cuenta.
Estoy de acuerdo con quienes aseguran que no hay más interés del PRI que las rentas legislativas y la posibilidad de alguna pluri. Pero no lo digo yo, lo dicen conocidos líderes regionales desplazados por la voracidad de sus actuales dirigentes. Sintiéndose usados, lo expresan en los siguientes términos: “Con este PRI de Alejandro ni a la esquina, nunca me prestaré para ser candidato a nada, sabiendo que lo único que les interesa es explotar a los pluris locales. Que busquen ellos los votos”. Los priistas que valen se niegan, porque los conocen, a engordarles el caldo.
Confundidos con los resultados electorales de pasadas elecciones, los estrategas y analistas del PAN tardaron para darse cuenta de la deplorable realidad en que los puso su cuestionado socio. Ahora que por fin la entienden y se percatan del enorme error que cometieron al ir en alianza con el partido de mayor descrédito nacional, buscan nuevos esquemas de asociación electoral en los cuales no caben las viejas siglas tricolores. En otras palabras, el PAN quiere los votos del PRI pero no sus siglas. Esos votos no los proporciona Alejando, sino los pocos líderes en tierra que por convicción personal rechazaron irse a Morena.
Entonces situémonos, el tema no es Alejandro, si lo fuese jamás hubiese llegado a diputado federal palomeado por Maru Campos. La gobernadora no olvida, como ningún panista destacado, que fue Alejandro quien presentó la denuncia contra Maru y que después usaría Corral para la feroz persecución. Alejandro no sólo hizo el trabajo sucio de Corral presentando la denuncia, también la difundió en ruedas de prensa cuando participó como candidato a la Presidencia Municipal.
Con estos o cualquier otro dirigente el PRI quedó agotado, exprimido hasta la última gota. Sólo falta que pierdan el registro, lo que sucederá cuando compita sin alianzas en la próxima elección.
Rompeolas
No es por hacer menos al amigo Pancho Salcido, pero si el PRI de Domínguez lo presume como su gran y nueva adquisición, pues eso demuestra su absoluta urgencia de liderazgos en tierra. Salcido está de regreso en su viejo partido porque no encontró acomodo ni en Morena ni en el PAN. Misma situación de Fermín Ordóñez, quien además exploró sin éxito ingresar a otros partidos. Con esos líderes espera recuperar votos en la capital. Los ve uno y no sabe si reír o llorar.















