Trump optó por ignorar a la oposición venezolana, aceptando negociar la entrega del país con los chavistas, desde ayer encabezados por la presidenta en funciones Delcy Rodríguez. Con esa decisión de mero pragmatismo político el gobierno de los Estados Unidos exhibe su ausencia completa de compromiso con la democracia. Nada extraño, siempre se ha dicho que no tienen amigos, tienen intereses. Tampoco extraña que la presidenta Claudia Sheinbaum y los radicales del régimen estén felices con la permanencia del chavismo y el desplazamiento de los opositores venezolanos, la han tomado como ejemplo de lo que no debe hacer la oposición mexicana.
Durante la mañanera de hoy, Sheinbaum lo puso en estos términos: “Y aquellos que están buscando una intervención en México para darles fuerza a ellos, pues que vean Venezuela. ¿Qué pasó también con la oposición en Venezuela? y lo que hizo Estados Unidos con la oposición de Venezuela. Nada más vean exactamente. En México resolvemos los mexicanos, no necesitamos a nadie del exterior”. Es la forzada narrativa oficialista de la traición, desdoblada profusamente a pesar de que ningún mexicano promueve la intervención norteamericana. La presidenta y su vocería la interpretan así porque quieren encontrar traidores a la patria, el viejo método de crear enemigos donde no los hay. Tampoco es que sean originales, esa postura es muy conocida, la han definido tiranos de todos los tiempos: “estas conmigo o estas contra mi”, en versión mexicana “con la transformación o contra la transformación”. Lo advirtió López Obrador temprano en su sexenio.
En el fondo lo que dejan ver es el profundo temor a que la crisis venezolana tengan impacto social en nuestro país, capaz de frenar su camino hacia la dictadura. Se ven, temerosos, en el espejo de Venezuela y sufren pesadillas pensando en que mañana ingresen a territorio nacional los marines gringos, acabando con sus planes de perpetuarse. Por eso la insistencia de que “en México resolvemos los mexicanos”, discurso francamente mentiroso, ella sabe y está muy de acuerdo en la progresiva devastación institucional que ha ido cerrando los caminos de participación ciudadana frente a los abusos del poder. Nos quitan las herramientas institucionales para contener al poder y luego se llenan la boca diciendo que las diferencias deben ser resueltas entre nosotros. Es una infamia, mientras mantienen ese discurso de falso compromiso democrático destruyen las instituciones nacionales, negando la participación ciudadana en asuntos del Estado.
Pretenden afianzas así, por la vía de la fuerza espuria que les da un poder no ganado en las urnas, un régimen que anhelan conservar durante décadas, sin tener en cuenta los deseos de la sociedad. En Venezuela están los antecedentes inmediatos, aquel pueblo hermano decidió el año pasado que ya no quería ser gobernado por Maduro y el castro-chavismo, salieron masivamente a las calles para gritarlo y luego se volcaron en las urnas en franco rechazo a la dictadura. Esa portentosa expresión ciudadana quedó ahogada en grotesco fraude electoral, sin que nuestro gobierno tuviese la menor muestra de simpatía con los defraudados. Al contrario, los que hoy gritan no a la intervención y que sean los venezolanos quienes resuelvan sus asuntos, respaldaron el gigantesco fraude de Maduro. El pueblo se pronunció contundentemente y lo acalló el poder, pisoteando su voluntad y reprimiendo a sus líderes.
Bueno, pues en esencia los mexicanos estamos en ese camino, nos quieren imponer una contrarreforma electoral que garantice la permanencia del régimen actual, así salgamos mañana masivamente a votar contra ellos. Saben que la posibilidad de una reacción ciudadana es muy real, tarde o temprano el pueblo se cansa, por eso no quieren sufrir el riesgo de ir a elecciones democráticas. ¿Qué podrían temer con leyes a modo y autoridades electorales obedientes al régimen?. Es la reforma encomendada a Pablo Gómez, uno de los ideólogos más radicales del populismo demagogo hecho gobierno. De esa reforma no podemos esperar sino el golpe definitivo al sistema electoral mexicano.
Si la presidenta Claudia Sheinbaum quiere dar credibilidad a sus palabras, empiece por cancelar inmediatamente el proceso de la reforma electoral o convocar sinceramente a todas las fuerzas opositoras y a la sociedad organizada para que discutan civilizadamente una reforma que permita a la oposición competir en condiciones justas, equitativas. Está sucediendo lo contrario, ha trascendido que aceleran los trabajos de su reforma electoral sin tomar en cuenta a los partidos de oposición ni a la sociedad mexicana, quieren acabar a la de ya. Imposible compartir esa conducta tiránica, claramente avanzamos en la misma dirección de Venezuela.
Con esos planes en marcha, es fácil entender sus temores, están plenamente justificados. Sienten que no acaban de afianzar el régimen y entran en pánico pensando que pueden sufrir la misma suerte que Venezuela, antes de acabar con los últimos vestigios democráticos del país. Una y mil veces no, no queremos intervención de nadie, queremos libertad y reglas claras para definir el rumbo de nuestro país. No es demasiado pedir.
Rompeolas
La diputada Rosana Díaz no se tragó el sapo y demandó por violencia de género, ha trascendido, a su compañero y coordinador de bancada, Cuauhtémoc Estrada. Es que se fue directo contra la yugular de la diputada, por la famosa votación del crédito de la que Rosana se ausentó por apuros fisiológicos, según explicó. Era innecesaria tanta violencia, si piensan castigarla de obra es un exceso castigarla también de palabra. Ahora el que está contra las cuerdas es Cuauhtémoc, cuando la chucha es brava hasta a los de casa muerde. Así se llevan en Morena.
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Un abrazo sincero a mis amigos Geo Bujanda y Jorge Esteban Sandoval, Dios quiso llevarse a sus padres al mismo tiempo. De Geo el doctor Oscar Bujanda Ruiz, de Jorge el señor Esteban Sandoval Valenzuela. Que Dios los reciba en su Santo Seno y a ellos, junto con sus familias, les de consuelo y de paz interior. Y luego otra pérdida triste, murió también mi amiga Juanita Saldivar, esposa del señor Blancarte, el mejor tapicero de la ciudad. Ni hablar, un abrazo señor Blancarte, Juanita ya está con Dios.















