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domingo, febrero 22, 2026
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En tiempos sucesorios es frecuente escuchar que “gobernador no pone gobernador”, ¿no pone?. Voy a las sucesiones que me platicaron actores principales o las conocí reporteando. En su libro “Mis Tiempos”, López Portillo confiesa que Manuel Bernardo Aguirre “manipuló mi decisión” para elegir gobierno en Chihuahua. No lo explica, pero la manipulación consistió en vetar a Fernando Baeza, entonces un brillante y prometedor político de 37 o 38 años con amplio respaldo de la clase política nacional. Eligió a Oscar Ornelas, quien no pudo ni sostener su gobierno y Saúl González Herrera, con sólo once meses de sustituto,  fue testigo de como seis años después Miguel de la Madrid impuso a Baeza.

En su turno, Baeza vetó a Mario de la Torre por ser bernadista, a Rodolfo Torres Medina por saulista y a Artemio Iglesias por artemista, consolidando lo que sería el último gran grupo político de Chihuahua, a pesar de la derrota. Carlos Salinas, quizá por haber tomado la decisión de entregar el estado, dejó que Baeza pusiese de candidato a Jesús Macías, con el catastrófico resultado conocido. Francisco Barrio quería de candidato a Eduardo Romero, su exitoso e inteligente secretario general de gobierno, sin embargo la baraja se le hizo reyes (a la convención estatal permitió que llegaran tres candidatos de su gabinete) y, por la conocida traición de Dhiac que ordenó Enrique Terrazas, les ganó Ramón Galindo. Fue la noche triste de la Familia Feliz. Galindo terminaría perdiendo frente a Patricio Martínez, un candidato moteado de azul al que llamaban “panpricio”.

Como Zedillo, Patricio quería al PRI pero no a los priistas e intentó crear una nueva clase política, de la que uno a uno le fueron saliendo sello. A la muy lamentable muerte de Jorge Barousse, presidente municipal, muchos dicen que perdió a su mejor prospecto para la gubernatura. Como alternativa única quedó Víctor Anchondo, coordinador de los diputados priistas. En teoría debía dejar sucesor sin problema, el presidente del país era Fox de modo que no había quien le impusiese desde México. Sin embargo, por cabildeos de Fernando Baeza, se le atravesaron Elba Esther Gordillo y Roberto Madrazo, secretaria general y presidente del PRI, para encaminar a Reyes Baeza y arrebatarle la decisión.

También sin presidente priista que lo limitase, Reyes (él sí) pudo elegir tranquilo, como eligieron todos los gobernadores de su generación. Optó por César Duarte, pero dejó la percepción política de que Emilio Gamboa y Beatriz Paredes manipularon su decisión. Pudo poner a Teto, Cano, Rodríguez Moreno, Villalobos pero puso de candidato a Cesar, favorito de Gamboa y Paredes. Esa fue la última decisión relevante del grupo Delicias o grupo Baeza, pues Duarte terminaría traicionándolos a pesar de haber jurado amor eterno en una carta de su puño y letra que envió a Reyes.

César Duarte consiguió tender un cerco en torno a Peña Nieto y ganó la decisión final contra Reyes Baeza y Manlio Fabio Beltrones. Así Enrique Serrano se convirtió en candidato y Marco Quezada quedó en el camino. Duarte eligió pésimo, pero en buena medida perdieron la elección por causas atribuidas a él, hizo un gobierno de excesos e irresponsabilidad financiera marcado por la corrupción. Javier Corral, de hígados descompuestos, intentó frenéticamente heredar a Gustavo Madero, pero se les atravesó la entereza y valentía de Maru Campos (nadie hizo una apuesta tan alta como Maru; o el gobierno o la cárcel. Eso merece respeto), quien terminaría ganando. Doble triunfo contra Corral; primero la interna de su partido y después la constitucional, pues para entonces Corral trabajaba por Juan Carlos Loera, candidato del populismo.

Hasta esta parte vamos y aquí me detengo sólo para una reflexión de las sucesiones con gobernadores del PAN. Una pregunta comparativa: ¿en que se parecen las sucesiones de Francisco Barrio, Javier Corral y la que proyecta Maru Campos? En nada. Por creerse lo de rabiosamente democrático Barrio soltó la designación y terminó perdiendo, traicionado; Corral se volvió loco queriendo encarcelar a Maru e imponer a Madero, sin darse cuenta que generaba más adhesiones en torno a ella. La que proyecta Maru es una sucesión sin favoritos que le permita transitar el séptimo año, pero empeñada en mantener control del proceso. Eso lo reclama fuerte y claro, como lo vimos recientemente con las declaraciones serenando los ímpetus de Bonilla.

Esto me recuerda lo que decía Miguel Etzel Maldonado, el más aventajado discípulo de Saúl González Herrera (no te molestes, Sergio), que cada sucesión tiene su propia dinámica. Lo tenía muy presente porque los saulistas envejecieron esperando que la designación presidencial recayese en Don Saúl y sólo vieron la suya de rebote, en las circunstancias extraordinarias conocidas. Así ha sido: Manuel Bernardo Aguirre engatusó a López Portillo para vetar a Baeza, Salinas dejó que Baeza eligiese sabiendo que perderían, Barrio fue traicionado, Patricio no pudo o no quiso vetar, Reyes (en la percepción política) dejó que otros eligiesen por él, Duarte cooptó a Peña y Corral la perdió contra Maru.

Nada está escrito, son las circunstancias particularísimas las que van decidiendo al sucesor. Marcelo González escribió un libro con 99 reglas para ser gobernador, específicamente aplicable a Duarte, las cumplió puntualmente una por una y no llegó ni a cuartos de final. Artemio Iglesias tenía todo el PRI de Chihuahua en su bolsillo y una decisión presidencial lo deshabilitó. Ricardo Anaya hizo candidato a Corral convencido de que lo envió a perder, decisión errática que vino pagando Juan Blanco. Un diputado desconocido como Duarte llegó a la presidencia de la Cámara por un pleito entre dos tiburones de Atlacomulco (Chaufett y Camacho) y eso le valió para enfilarse a gobernador. Baeza llegó por ser amigo de Miguel de la Madrid y Barrio por que Salinas quería limpiarse la cara del fraude, con fingida democratización.

Nada, sin embargo, es azaroso. Cada uno la fue construyendo según sus capacidades y en razón de circunstancias específicas, ¿cuáles son las circunstancias de Marco Bonilla?. Nadie puede identificarlas mejor que él, pero dado lo que se ha visto de unos días a la fecha, debe tomar una decisión fundamental: Ir con Maru o ir a pesar de Maru. Si decidió ir con Maru, entonces debe identificar y resolver qué incomoda de él a la gobernadora; si decidió ir a pesar de Maru, pues ahora sí como decían los viejos revolucionarios, cartucheras al cañón y al monte, hasta donde tope. Tiene que decidir muy bien y actuar en consecuencia, con la observación oficiosa que, desde afuera, no se advierten condiciones para una oposición dividida. Si yendo juntos está difícil, divididos cuando.

La sucesión corriendo de prisa, forzando decisiones apresuradas. Marco es el más visible y obvio, pero no el único. Otros actores del PAN también juegan y, sobre todo, sigue abierta la opción ciudadana. Falta mucho por escribirse.

Rompeolas

No es poder mortificar, créanlo, pero en cuanto publique que la señora Rubach asesoró a Enrique Serrano, con resultado catastrófico, me llegaron mil mensajes de que también asesoró a Teto Murguía y a Lucia Chavira, también campañas perdedoras. A Teto le decía que se vendía sólo, como la Coca Cola y terminó perdiendo tres-uno frente a Cabada; a Lucia le prometió una victoria holgada y perdió de fea manera contra Maru. Híjole, yo tomaría esos antecedentes muy en cuenta, puras campañas perdedoras de la señora.