La marcha de la Generación Z, el sábado pasado, desquició el temple de la Presidenta Sheinbaum, conocida por ser una mujer de sangre fría. Durante días, ella y su aparato de propaganda hicieron hasta lo imposible por desacreditarla y el día D quisieron reducirla montando una sofisticada logística disuasiva que incluyó violencia, amenazas, bloqueo de calles estratégicas. Pese a sus esfuerzos, todavía es hora que no pueden superar los efectos de la marcha, cuando ya tienen otra de mayor relevancia encima.
Los servicios coercitivos del régimen no tienen descanso, los transportistas anunciaron un paro nacional a realizarse el próximo lunes en todo el país. Si lo cumplen harán ver la marcha GZ como juego de niños. Aquí estamos hablando de otro nivel, una cosa es que los jóvenes, no tan jóvenes si usted quiere también adultos mayores tomen el Zócalo y los radicales suelten a los delincuentes de negro para generar violencia, otra que las organizaciones de transportistas paralicen durante todo un día al país. Ellos si están muy bien organizados, pueden desquiciar la actividad productiva con pérdidas multimillonarias y no hay encapuchados capaces de impedirlo.
Presentan la misma exigencia; inseguridad en las carreteras nacionales y extorsiones, con el agregado particular de que la SCT no les provee ni la documentación elemental. Desde la muerte de Carlos Manzo todas las protestas parten del mismo punto, inseguridad, y llegan a la misma dirección, Palacio Nacional. ¿Coordinación entre los grupos inconformes? Probablemente, sin embargo en todas hay síntomas claros de hartazgo; la sociedad ya no puede más con la violencia y las extorsiones. El pueblo se cansa, ya se cansó.
La demagogia populista desplegará profusamente su narrativa estándar culpando a la derecha, que la propaganda oficial ahora trata de “ultra”. Invocará siniestros complots, insinuará que son movimientos pagados que responden a intereses creados o del extranjero, condenará la violencia (hoy empezó a condenarla la Presidenta) y desplegará el paquete completo de los estribillos ampliamente ensayados. Es lo que saben hacer y han hecho desde que son gobierno, desacreditar todo intento de oposición, sea política o ciudadana.
El asunto es que la propaganda, su mejor instrumento de gobernabilidad, dejó de surtir efecto. Antes imponían agenda social y gozaban de la simpatía ciudadana, hoy son reactivos a la agenda impuesta y están perdiendo credibilidad. Algunos piensan que la falta de eficiencia en las mañaneras se debe a que Sheinbaum no es igual de cínica que López Obrador ni tiene su portentosa capacidad para mentir. Algo hay de eso, pero la explicación tiene razones prácticas, pierden control del país porque están siendo superados por problemas reales que se niegan a reconocer. Mantienen su actitud soberbia ignorando al México productivo, y anhelante de seguridad.
En sus arrebatos de poder mesiánico, López Obrador soltó a Ovidio, saludó en público a la mamá del chapo, pidió que trataran a los jefes criminales de “señores” y se atrevió a decir que cuidaba a los criminales por que también eran pueblo. ¿Imagina usted una declaración de Shuenbaum en ese sentido?, ni de chiste, es inconcebible estando el país como está, destrozado por las organizaciones criminales. Esto explica, por si mismo, el enorme deterioro del régimen en tan sólo siete años.
La herencia de sangre que recibió Sheinbaum causa estragos desde el primer año de su gobierno por que los problemas, la mayoría de los cuales están asociados a la delincuencia, afectan a mexicanos de carne y hueso. ¿De qué se quejan en Michoacán y gran parte del país?, de la violencia; ¿Porqué mataron a Manzo?, por denunciar a los criminales y pedir auxilio del gobierno; ¿Qué piden los transportistas?, seguridad y que pongan fin a las extorsiones, muchas de la misma Guardia Nacional; ¿Qué reclamaron en la marcha del GZ?, vivir sin miedo?. Son problemas muy concretos, específicos que impactan en la enorme mayoría de los mexicanos.
La Marea Rosa consiguió portentosas acciones de protesta saturando el zócalo, en defensa del INE y la Corte. Muy bien, entusiasmaron a mucha gente antes de las pasadas elecciones, pero sus demandas eran ajenas a la mayoría de los mexicanos, a quienes los
asuntos de la democracia y la justicia les parecen conceptos etéreos. Esa es precisamente la diferencia entre las manifestaciones de hoy con las anteriores, ahora la sociedad sale a las calles por el hartazgo de sentirse insegura. Les pega de manera directa, lo que no sucedía con el INE o la Corte.
La rebelión social está prendiendo, cansados de sentirse desprotegidos frente al ogro del crimen, han perdido el miedo a la represión del régimen. Y lo que falta, apenas estamos empezando el segundo año del segundo sexenio, en el régimen de la demagogia populista.
Rompeolas
Chihuahua pronto dará la nota nacional, el naciente movimiento contra la Iniciativa del Agua, que los agricultores consideran un atentado contra el derecho a la propiedad, también está prendiendo. Otro problema que podría tronar pronto en Palacio Nacional, pues ahora los chihuahuenses no van solos, serán acompañados por los productores de todo el país, esa ley restrictiva de derechos les pega a todos por igual.















